ALEMANIA Y SUS JUDÍOS



"BAYERN MÚNICH, EL CLUB DE LOS JUDÍOS"
Kurt Landauer



"UN PATITO FEO VESTIDO DE CAQUI". Judíos en el ejército actual de Alemania
Michael Fuerts


CHARLOTTE KNOBLOCH Y ALINA TREIGER
Charlotte Knobloch



EL CASO DE HELMUT SCHMIDT
Helmut Schmidt


"HEBREOS DE CUARTO O MITAD"
Erhard Milch



ERNST TUGENDHAT: LA FILOSOFÍA CAMBIA DE AIRES
Ernst Tugendhat.
(Foto: Bernd Weissbrod,
"BERLINER SEITUNG")


Judíos en Berlín
HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

(LA NUEVA ESPAÑA, Miércoles, 31 de julio de 2002)

La normalidad alemana cojearía si se perdiera la costumbre de ver a los hijos de la tribu de Judá moverse como peces en el agua en la República Federal. A ratos, empero, se producen noticias de mal agüero, como la profanación de un cementerio, la quema de una sinagoga o la aparición del libro de un historiador revisionista, lo que ha movido al presidente del Consejo Central de los Judíos de Alemania, Paul Spiegel, a alertar sobre una nueva ola de antisemitismo. Al igual que les tocó a sus predecesores Heinz Galitzky e Ignatz Bubis, Spiegel es invitado habitualmente a debates televisados y sus opiniones son muy valoradas.
Hoy viven en Alemania 35.000 judíos, frente a los 500.000 que había cuando Hitler ganó las elecciones en 1933. Son los pobladores –algunos ya fallecidos- de un listín de teléfonos que podría ser la trama de una novela de Doeblin. Gentes como Lotti Huber, “reina de la noche” al estilo de las cabareteras que retrató en sus películas Von Sternberg; Marcel Reich-Ranicki, el temido crítico literario, sobreviviente del gheto de Varsovia; Peter Zadek, exponente del nuevo teatro alemán; Anna Seghers, Stefan Heym (el viejo escritor afiliado al PSD, el partido de los neocomunistas, que presidió el primer Bundestag de la Alemania reunificada), Hans Sahl, el poeta Hermann Kesten (que fue presidente del Pen alemán) y Ralf Giordano (autor de guiones para series televisivas de éxito), todos ellos autores de culto en la narrativa alemana de los últimos cincuenta años. Siguen interesando Theodor Adorno y el rescoldo de la Escuela de Francfort, los postulados del socialismo “cálido” de Ernst Bloch y el testimonio de otras celebridades retornadas, como el ensayista Hans Mayer, el cineasta Erwin Leiser (director de la sección de cine de la Academia de las Artes de Berlín en los años sesenta) y el músico Hanns Eisler (colaborador de Brecht y autor del himno de la Alemania Oriental); continúan lozanas las canciones de Wolf Biermann y se resiste a eclipsarse la rebeldía edulcorada del líder del 68 Daniel Cohn-Bendit, reciclado como concejal “verde” de un Ayuntamiento de Hessen... Nombres y más nombres. Paralelamente, obras arquitectónicas son objeto de controvertidos análisis, como el proyecto de monumento a las víctimas hebreas del nacionalsocialismo, firmado por Peter Eisenman; o el inquietante Museo Judío, de Daniel Libeskind; o la sinagoga de Stommeln, de Mischa Kuball; o el centro social diseñado por Zvi Hecker en Duisburgo; o la rehabilitada “nueva sinagoga” de Oranienburguer Strasse, convertida hoy en “Centrum Judaicum”. La presencia judía está viva de nuevo en Alemania, pero también lo están los que quisieran tenerla lejos: Möllemann, un alto cargo del Partido Liberal (FDP), acaba de acusar al vicepresidente del Consejo Central de los Judíos, Michael Friedman –ex portavoz de Kohl-, de fomentar el antisemitismo con su postura intolerante ante el conflicto israelo-palestino; y el prestigioso escritor Martin Walser insiste en la conveniencia de que se olvide el Holocausto y se mire para otro lado. No faltarán nunca las fanfarronadas de cervecería, pero, más que el hecho de que despotriquen los nostálgicos de las “leyes de Nüremberg”, lo que causa pavor es que se vomiten discursos amnésicos y provocadores desde círculos supuestamente fiables, como los que acogen al liberal de marras y a Walser.
Paul Spiegel





EL MUSEO JUDÍO, DE DANIEL LIBENSKIND








Marianne Breslauer 
(1909-2001)


Fotógrafa en la República de Weimar, Breslauer nació en Berlín, hija de Dorothea Lessing y el arquitecto Alfred Breslauer (1866–1954). Su padre era un reconocido arquitecto famoso por proyectar villas lujosas y su madre, una mujer culta, tan avanzada a su tiempo que participaba en campeonatos de tenis y defendía la necesidad de que sus hijas tuvieran una profesión e independencia. La escogida por Breslauer fue la fotografía, con estudios reglados incluidos. 






Su padre construyó la casa donde transcurrió su infancia. Tras una sólida formación de 2 años en Lette Haus en Berlín, viajó a París en 1929, donde conoció a Man Ray. Por su ascendencia judía, tuvo algunas veces que publicar bajo el seudónimo de Ipp. 
Publicó sus trabajos en revistas como Fur die Frau y Frankfurter Zeitung. Trabajó en Alemania con Elsbeth Hedenhausen en el estudio fotográfico Ullstein, donde llegó a dominar la técnica de blanco y negro.
En 1936 contrajo matrimonio con el galerista Walter Feilchenfeldt, fueron padres de Walter y Konrad Feilchenfeldt. Abandonó la Alemania de Hitler y emigró a Holanda. En 1938 comenzaría su actividad como marchante de arte.
Perteneció a una generación de mujeres fotógrafas que supieron aprovechar las libertades que les brindó la República de Weimar. Su obra es un ejemplo notable de la denominada «nueva fotografía» y se encuentra en importantes colecciones. 
En la primavera de 1933 hizo un viaje por España (Girona, Barcelona, Sant Cugat, Montserrat, los Pirineos, Pamplona y San Sebastián) y Andorra, en compañía de la escritora suiza Annemarie Schwarzenbach (1908-1942). 
¿Cómo se puede reconocer una buena toma fotográfica?, le preguntó una vez un periodista, y ella respondió sin dudar: «Se reconoce porque en una exposición no se pasa de largo delante de ella, porque uno se ve atraído por una página en una revista o se olvida de seguir ojeando en un libro. No son decisivos ni la técnica perfecta, ni tampoco que se trate de un tema extraordinario, lo que cuenta es la fuerza de la imagen, la expresión, el secreto del momento capturado».

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