jueves, 25 de mayo de 2017

TEATRO EN ASTURIAS: UN ENCUENTRO SIN PRECEDENTES ENTRE PROGRAMADORES Y COMPAÑÍAS


El dramaturgo Etelvino Vázquez, en la presentación
de las propuestas de la compañía Teatro del Norte.
(Foto: Higinio del Río).
  
Los días 23 y 24 de mayo de 2017, el Paraninfo de Laboral Gijón Ciudad de la Cultura fue sede de dos intensas jornadas teatrales convocadas por la Viceconsejería de Cultura del Gobierno del Principado de Asturias. Fue un encuentro absolutamente novedoso.

Asistieron al encuentro los directores de las casas municipales de cultura de 24 ayuntamientos y los representantes de 46 compañías teatrales, así como de los colectivos ACPTA (Asociación de Compañías Profesionales de Teatro y Danza en Asturias) y FOROESCENA (asociación de empresas de artes escénicas de Asturias).  
El objetivo fue facilitar el encuentro entre los programadores municipales y los grupos teatrales que forman parte del Circuito de las Artes Escénicas del Principado. Sobre el escenario, a lo largo de un total de diez horas, se sucedieron pequeñas representaciones de diez minutos, con las que se completó una visión general de las propuestas teatrales incluidas en la presente edición del Circuito de las Artes Escénicas. Los directores de las Casas de Cultura conocieron así, de primera mano, los contenidos, características, necesidades técnicas y público al que van dirigidas las obras seleccionadas.
Fue una excelente ocasión para profundizar en el conocimiento mutuo y en el intercambio de experiencias.  
El Circuito de las Artes Escénicas, una de las conquistas culturales más notables de la región asturiana en los últimos años, se creó en  2001. Es un paso más en la democratización de la cultura. 
En esencia, implica un marco de coordinación entre el Gobierno del Principado, los ayuntamientos y las compañías profesionalesy permite ofrecer y acercar el teatro a los ciudadanos de numerosos municipios. Al propio tiempo, colabora en el fomento de la creación, producción y difusión de las artes escénicas. 
En la actualidad, se programan cada año 300 representaciones dentro del Circuito, del que forman parte 25 ayuntamientos y cuarenta y ocho compañías.

Higinio del Río Pérez


Laboral Gijón Ciudad de la Cultura, sede de los encuentros.

Moisés González y Ana Eva Guerra,
de El Callejón del Gato.
(Foto: Higinio del Río).

Verónica Gutiérrez y Silvino Torre, de Factótum Teatro.
(Foto: Higinio del Río).



viernes, 21 de abril de 2017

LIBRO "DIMES Y DIRETES". UNA ENTREVISTA A HIGINIO DEL RÍO EN "EL COMERCIO"

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ENTREVISTA


HIGINIO DEL RÍO, PERIODISTA


“La entrevista fue el inicio de los periodistas asturianos en Madrid”


Ramón Batalla

Hace unos días, ha visto la luz el tercer libro del periodista llanisco y gestor cultural Higinio del Río. La obra, titulada “Dimes y Diretes”, recoge en sus páginas una selección de entrevistas a cuarenta y tres personalidades de la vida española.




iginio del Río (Llanes, 1954) considera su nuevo trabajo editorial “Dimes y Diretes” como “un resumen de mi etapa en Madrid, donde pasé dieciséis años, primero estudiando la carrera en la Facultad de Ciencias de la Información y luego trabajando en distintos medios”.
Durante ese período profesional, entre los años 1978 y 1988, realizó numerosas entrevistas, una selección de las cuales aparecen en este libro, prologado por el ex jefe de la Casa del Rey, el asturiano Sabino Fernández Campo, y estructurado en cinco capítulos: Periodismo y Literatura, Política y Políticos, Economía y Sindicalismo, Espectáculos y Deporte y Pensamiento y Sociedad.


Galería de retratos

Aparecen en “Dimes y Diretes” algunas de las personalidades más importantes de la reciente historia de España, como Carlos Bousoño, Antonio Buero Vallejo, Camilo José Cela, Antonio Mingote, Emilio Romero, Fernando Vizcaíno Casas, José María de Areilza, Enrique Barón, Manuel Fraga, Julián García Vargas, Marcelino Camacho, Carlos Ferrer Salat, Antonio Gutiérrez, Ramón Tamames, Nuria Espert, José Luis L. Aranguren, Julio Caro Baroja, Julián Marías y Amando de Miguel.
Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense, Higinio del Río ha sido redactor jefe de la revista Crítica de Arte, colaborador habitual de varias publicaciones y responsable de Prensa de la Federación Nacional de Casas Regionales y Provinciales y del Centro Asturiano de Madrid.
Es, asimismo, el director de la Casa Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Llanes desde febrero de 1990.
Del Río ha publicado hasta ahora dos libros: “Asturianos en Madrid” (Avilés, 1990) y “Crónica cultural. Una aproximación a la Casa de Cultura de Llanes” (Gijón, 1992), prologados por el abogado y periodista José Mario Armero y por el sociólogo Amando de Miguel, respectivamente.
Es también autor de la tesina “Hacia el establecimiento de las relaciones diplomáticas entre España e Israel”.
En su primer libro, “Asturianos en Madrid”, aparecieron algunas de las entrevistas que publicó en EL COMERCIO, a personajes como Fernando Morán, Juan Antonio Cabezas, Víctor Manuel, José León Delestal y Manuel Antonio Rico.

- ¿Qué objetivos persigue con su último libro?

- En conjunto, el libro pretende acercar al lector a uno de los períodos más intensos del siglo XX español, a lo largo del cual tuvieron lugar sucesos tan importantes como la Transición democrática, los gobiernos de UCD, la Constitución del 78, la organización del Estado de las Autonomías, el intento golpista del 23-F, la victoria del PSOE en octubre del 82 y la incorporación al Mercado Común y a la Organización del Atlántico Norte (OTAN).  

“Pretendo acercar al lector
a uno de los períodos
más intensos del siglo XX español”


- ¿Por qué la entrevista?

- Para los periodistas asturianos que hemos trabajado en Madrid, el género de la entrevista fue como un rito iniciador. Estaban tan a mano tal cantidad de personajes famosos e ilustres, tantos protagonistas permanentes de la noticia, que resultaba relativamente fácil aprovechar esa fuente inagotable de entrevistas siempre demandadas por el público lector. 

- ¿Qué condiciones básicas ha de tener un entrevistador?

- Entre otras cosas, saber escuchar e interpretar; resumir y sintetizar las respuestas con acierto, evitando la tergiversación y el cambio de sentido; y, como diría el teórico francés Philippe Gaillard, simplemente hacer decir al entrevistado lo que interesa al público.


“El único problema entre más de 
doscientos entrevistados
lo tuve con el profesor Gustavo Bueno”


- ¿Tuvo usted problemas alguna vez con los personajes entrevistados?

- Solamente en una ocasión. Con Gustavo Bueno. En una entrevista que le hice para HOJA DEL LUNES de Oviedo hace años calificó a Lluis Xabel Álvarez -marido de la consejera de Cultura en funciones, Amelia Valcárcel- de “cretino completo”. Se armó bastante alboroto y Gustavo Bueno fue objeto de una querella criminal. La acusación particular pedía una multa de varios millones de pesetas y unos años de destierro para el profesor. Lo que me sorprendió fue la salida de Bueno, que intentó, sin éxito, que pagara el pato el más débil, esto es, el periodista. Negó haber dicho “cretino completo y apunto que el calificativo empleado había sido el de “cretense”. Fue un suceso algo surrealista y no dejó de tener su gracia… El único problema entre más de doscientos personajes entrevistados.

Los mejores

- ¿De qué entrevista guarda mejor recuerdo?

- Pasé con Cela una hora y media memorable. De Julio Caro Baroja me impresionó el tono de pesimismo que tenían sus palabras. Enrique de Castro me pareció un cura admirable que está haciendo una gran labor luchando contra la droga en los barrios marginales de Madrid.

- ¿Cuál es la mayor dificultad en la elaboración de las entrevistas?

- Resumir en seis o siete folios los 90 ó 100 minutos de conversación que mantuve por término medio con cada uno de los entrevistados.


“Guardo mis mejores recuerdos de 
Camilo José Cela, Julio Caro Baroja 
y del cura Enrique de Castro”



En el prólogo del libro, el teniente general Sabino Fernández Campo, conde de Latores, señala que “Higinio del Río ha sabido extraer de las entrevistas que ahora aparecen reunidas la esencia de cada personaje, sus sentimientos interiores y sus recónditos pensamientos”.
El ex jefe de la Casa del Rey añade en su prólogo a “Dimes y Diretes” que “entre el amplio y selecto plantel de personalidades que son objeto de sus entrevistas, las hay que sentaron a través de sus respuestas unos criterios permanentes, unas opiniones intemporales que pueden tener aplicación en todo momento”.

(JUEVES 6 DE JULIO DE 1995 · EL COMERCIO)


viernes, 24 de marzo de 2017

SABINO FERNÁNDEZ CAMPO: UNA VISIÓN DEL PERIODISMO

Sabino Fernández Campo: 
UNA  VISIÓN DEL PERIODISMO

El general, figura clave de la Transición, reflexiona en este escrito sobre las peculiariades de la entrevista periodística, a partir de su experiencia vivida como secretario de la Casa Real


Sabino Fernández Campo

“La entrevista es un género periodístico tan interesante como difícil.
Interesante, porque nos permite conocer la manera de ser y las opiniones de figuras destacadas en los distintos aspectos de la sociedad. Difícil, porque el entrevistador ha de reunir una serie de condiciones mediante las cuales pueda obtener resultados en los que se conjuguen el atractivo y la sinceridad, la oportunidad y la brillantez.
Ante todo, tiene que desplegar la habilidad necesaria para conseguir que el entrevistado acceda a serlo.
Como es natural, y sin restar valor a lo que piensan y digan personas vulgares y corrientes, la atención primordial ha de dirigirse a quienes, por su distinguida personalidad, pueden exhibir interioridades, manifestar ideas, declarar propósitos o pronosticar acontecimientos relevantes. Y no siempre resulta sencillo para el periodista abordar de buenas a primeras a los que se encuentran en esas circunstancias por su experiencia, su categoría o la misión que tienen encomendada en un momento dado.
El vencer la ocasional resistencia a aprovechar el momento propicio, encierra ya un mérito inicial para el entrevistador.
Pero las dificultades continúan porque es preciso, además, formular las preguntas con tino y con acierto, para tratar de obtener respuestas profundas, adecuadas a la posición del entrevistado, a sus responsabilidades y a su fama. Puesto que una entrevista periodística ha de ser breve, se necesita seleccionar muy bien el interrogatorio para que quien lo responde no aparezca soso y desairado. Tiene que lograrse establecer una comunicación auténtica y recíproca entre los interlocutores; una colaboración en la que el papel de cada uno quede claro, pero conjuntándose los dos en el resultado. No se trata de lanzar interrogantes al azar, buscando tan sólo el sensacionalismo que se consigue al desvelar secretos.
Es cierto que la indiscreción está más en las respuestas que en las preguntas, pero tal vez se trata de provocar sutilmente las que lo sean un poco, porque también en ellas radica la curiosidad.
Pueden ser bastante encontrados los sentimientos de las personas importantes con respecto a las entrevistas. Hay quien las desea, las busca y las acepta, quizá como un medio de promocionarse y darse a conocer o simplemente como ocasión aprovechable para manifestar lo que se piensa. Hay, en cambio, quien las teme y se niega sistemáticamente a concederlas, pensando sin duda en que es una gran virtud saber callar. “Bienaventurados los que no hablan -afirmaba Larra- porque ellos se entienden”.
“La Naturaleza -decía Quevedo- dobló casi todos los instrumentos de los sentidos; si no es el de la boca, por no dar al hombre más que una lengua, pues si con una recibe mil daños de sí mismo, ¿qué no haría con dos?”. Y muchos proceden de acuerdo con este aserto porque estiman que el que sabe callar es el más fuerte.
  

“Si es cierto que puede ser loable tener el valor
de permanecer callado ante las acusaciones calumniosas,
no deja de suponer todo lo contrario abstenerse de hablar
cuando con la palabra se puede evitar un agravio,
desmentir una infamia o deshacer un infundio”


 Siento apartarme de la tradicional opinión en cuanto a que los viejos refranes encierran toda una sabiduría popular. En general, los encuentro desconfiados, materialistas y predominantemente negativos. Pero admitamos, al menos, que pueden tener interpretaciones distintas, sin establecer al respecto normas inconmovibles. Esto sucede con la afirmación de que “el silencio es oro”. A veces, hacen falta muchas palabras para conseguir ese oro al que el refrán alude. A no ser que precisamente se trate de vender el silencio ante un hecho comprometido. En todo caso, si es cierto que puede ser loable tener el valor de permanecer callado ante las acusaciones calumniosas, no deja de suponer todo lo contrario abstenerse de hablar cuando con la palabra se puede evitar un agravio, desmentir una infamia o deshacer un infundio.
Para algunos será incómodo hablar y prefieren corroborar el refrán al aspirar al oro del silencio, pero otros pueden caer en la mayor de las cobardías inspirada por la comodidad o por el deseo de no complicarse la existencia.
Algunas veces la entrevista nos dice más por lo que el entrevistado calla que por lo que expresa. El acierto del entrevistador consiste, entonces, en dejar constancia, sin que se note demasiado, de que el silencio se ha producido, para que puedan imaginarse las causas.
La entrevista es también una lección para aconsejar una prudencia que no se opone a la sinceridad, porque, como señalaba André Maurois, “ser sincero no es decir todo lo que se piensa, sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa”.
Frente a la prudente sinceridad, se da en ocasiones la sinceridad descarnada e indiscreta. No es este el caso de las declaraciones que se recogen en este libro, y por eso es de resaltar el acierto con que su autor las ha seleccionado.
Pero, de ordinario, es frecuente que algunas personas practiquen el peligroso deporte de la indiscreción. Y suele ocurrir que esa indiscreción esté en razón directa de la ignorancia, ya que los más indiscretos son los menos preparados, los que menos saben, y su afán de presumir de saber les hace apresurarse a divulgar lo poco que saben, para prodigar, exagerándolos o desfigurándolos, sus mínimos conocimientos.
  

“Para algunos será incómodo hablar
y prefieren corroborar el refrán al aspirar al oro del silencio,
pero otros pueden caer en la mayor
de las cobardías inspirada por la comodidad
o por el deseo de no complicarse la existencia”


Alguien dijo también, con intención malévola, que hay hombres de pocas palabras, pero que resultan suficientes para expresar todas sus ideas.
La vanidad de que los demás sepan que se nos ha contado un secreto, suele ser una de las razones principales para desvelarlo. Por eso el mérito del entrevistador estriba en observar una conducta acorde con la psicología del entrevistado.
No hace mucho he leído un comentario incluido en un corto artículo de Álvaro Pombo: “Se trata de que ese vistazo o instantánea en que cualquier entrevista bien hecha consiste, contenga un resorte intelectual breve y poderoso. De lo contrario, las preguntas y respuestas se suceden sin gracia”.
Después de vencer la posible resistencia inicial de los partidarios del silencio o de los que no quieren prodigarse al exponer sus ideas, es necesario que el entrevistador formule sus preguntas de acuerdo con algunas de las consideraciones que hemos comentado. Que sean sugerentes para obtener respuestas atractivas y sustanciosas. Que respete lo que se le diga y lo recoja con exactitud, sin añadir arriesgadas interpretaciones de su propia cosecha, que no respondan a la realidad.
Puede pensarse, por otra parte, que las entrevistas han de ser de plena actualidad. Pero no olvidemos que la actualidad puede haber comenzado hace muchos años. Además, esa creencia, que puede ser exacta en muchos casos, se modifica en razón del interés que también encierra reproducir y publicar en el presente entrevistas realizadas en el pasado, porque es posible que éste sea un método eficaz para resaltar las diferencias que se producen en las opiniones, contrastar ideas con conductas posteriores, previsiones con resultados y propósitos o promesas con su cumplimiento. La experiencia puede indicarnos, por ejemplo, que los políticos no siempre quieren decir lo contrario de lo que dicen. Pero la verdad es que cada uno de nosotros es sucesivamente, no uno, sino muchos, que suelen ofrecer entre sí los más varios y asombrosos contrastes. Quizá por eso aconsejaba Churchill: “Dí lo que piensas ahora con firmes palabras y dí mañana lo que piensas mañana con firmes palabras, aunque ello contradiga lo que dijiste hoy”.
La única certeza, cuando se habla de lo que puede venir, es que pocas cosas suceden según lo previsto.
Ionesco afirmaba que “sólo se pueden predecir las cosas una vez que han sucedido”. Y por eso es recomendable hacer los menos pronósticos posibles. Sobre todo en relación con el futuro.
De las declaraciones formuladas hace años y publicadas -o republicadas- hoy, pueden deducirse aciertos y errores que dan más valor al oficio del que ha sabido recogerlas y reproducirlas con exactitud.


“La única certeza,
cuando se habla de lo que puede venir, es que
pocas cosas suceden según lo previsto”


Los tiempos que corren, cuando el acontecimiento imprevisto de cada día oscurece el del día anterior, son propicios a que se hagan patentes los errores en el vaticinio, pero asimismo dan lugar a que resulten extraordinariamente ponderables los juicios cuyo acierto se demuestra posteriormente.
Higinio del Río ha sabido extraer de las entrevistas que ahora aparecen reunidas y que por ello admiten la comparación, la esencia de cada personaje, sus sentimientos interiores y sus recónditos pensamientos.
Entre el amplio y selecto plantel de personalidades que son objeto de sus entrevistas, las hay que sentaron a través de sus respuestas unos criterios permanentes, unas opiniones intemporales que pueden tener aplicación en todo momento y encierran precisamente el valor de su acierto perdurable. Otras opiniones, más coyunturales, tienen también el mérito de marcar puntos de vista sobre hechos, momentos o situaciones más aleatorias y que, en consecuencia, pueden ser de gran utilidad para calificar las previsiones al compararlas con lo que sucede posteriormente. Optimismo y pesimismo se combinan. Pero si a muchas de las personas interrogadas se les hubiera podido anticipar sucesos, acontecimientos o escándalos que se produjeron después, no podían haberlos imaginado siquiera. Es grande la diferencia entre el vaticinio y la realidad.


“Ser sincero no es decir todo lo que se piensa,
sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa”


Afirmaba Camilo José Cela de qué suerte hay en cada persona cosas que no a todos interesan, “cosas que son para llevarlas a cuestas uno solo, como una cruz de martirio, y callárselas a los demás. A la gente no se puede decir todo lo que nos pasa, porque en la mayoría de los casos, no nos sabrían entender”.
Higinio del Río no aspira a desvelar esas cosas íntimas, pero sí a reflejar las que son dignas de conocerse y su conocimiento encierra utilidad verdadera y destacado interés.
Ha clasificado perfectamente sus entrevistas y conseguido las respuestas de personajes señeros en las distintas facetas de la vida nacional.
Y lo ha hecho a la perfección porque es un periodista culto, un interlocutor prudente, con una gran experiencia de la profesión, que recoge en este libro los diálogos que en su día aparecieron en distintas publicaciones, precedidos de ordinario por una inteligente y orientadora introducción y rodeados del ambiente en que se produjeron.
Licenciado en Periodismo, autor de varios libros y colaborador en otros, ha sido redactor jefe de la revista madrileña CRÍTICA DE ARTE y ha figurado al frente de los gabinetes de prensa de la Federación Nacional de Casas Regionales y del Centro Asturiano de Madrid. En la actualidad es director de la Casa Municipal de Cultura de Llanes, en la que realiza una gran labor.
Y, además, es asturiano.
Yo tengo el honor de ser su amigo y por eso he sentido la satisfacción de escribir estas líneas de introducción para el libro de entrevistas que ahora ve la luz”.
                        
Madrid, abril de 1995

(Prólogo para el libro “Dimes y diretes”, de Higinio del Río Pérez)



Sabino Fernández Campo (Oviedo, 1918- Madrid, 2009), militar. Conde de Latores. Teniente general honorífico del Cuerpo Militar de Intervención. Secretario general y Jefe de la Casa Real de España. Autor de la obra “Fernando el Católico y los consejos de Nicolás Maquiavelo en El Príncipe” (2005). En julio de 1996 participó como ponente en el curso de verano “Cuestiones de Política y Derecho” de la Universidad de Alcalá de Henares, dirigido por el profesor Luis García San Miguel en la Casa Municipal de Cultura de Llanes. Su ponencia se tituló “Ética y política. Reflexiones sobre Maquiavelo”.



Madrid, 17 de octubre de 1995. Presentación del libro
"Dimes y Diretes" en el Centro Asturiano.
De izquierda a derecha, Sabino Fernández Campo,
José Luis L. Aranguren, Cosme Sordo e Higinio del Río.



domingo, 12 de febrero de 2017

DEL MEJOR FOLKLORE DE LLANES


Domingo 2 de febrero de 1997, Teatro Campoamor de Oviedo. V CONCURSO Y MUESTRA DE FOLKLORE "CIUDAD DE OVIEDO".
Homenaje a Higinio del Río y al Concejo de Llanes. 
Producción de la Televisión Local de Oviedo, de 65 minutos de duración. En ella aparecen algunos de los grandes nombres del folklore llanisco, como Antonio Cea Gutiérrez, Socorro Noriega, Ignacio Noriega (el gaitero de San Roque del Acebal), Xuacu Amieva, el "Ochote de Llanes", Marta Elola y el grupo del Pericote dirigido por Gema Cea.
Presenta: CARLOS MENÉNDEZ JEANNOT.
Aunque la calidad de la imagen no es muy buena (se ha digitalizado a partir de un VHS de TLO), es un documento de un gran valor para los llaniscos. Se trata, probablemente, de la mejor muestra de folklore llanisco organizada en Oviedo.

miércoles, 8 de febrero de 2017

JOSÉ LUIS PÉREZ DE ARTEGA, EL GRAN DIFUSOR DE LA MÚSICA CLÁSICA EN ESPAÑA


"EL MEJOR ESPECIALISTA MUSICAL DE LA RADIO ESPAÑOLA"
   
    
      Madrid, TOMÁS MARCO
08/02/2017 

En la madrugada del 8 de Febrero de 2017 se nos ha ido en su ciudad natal, Madrid, un hombre de la música: José Luis Pérez de Arteaga. Tenía 66 años y había nacido en 1950 estudiando música en Madrid y Londres y licenciándose en Derecho y Ciencias Empresariales. Pero su vocación era la música, que devoraba a cualquier hora, y escribir sobre la misma desde la cultura siguiendo la línea de uno de sus maestros: Federico Sopeña.
Su actividad periodístico-musical se inició con 19 años en la revista Ritmo y, desde entonces, escribió miles de artículos, críticas, notas al programa y reseñas en las más diferentes publicaciones, como la revista Scherzo, de cuyo consejo de redacción formó parte, o diarios como El País , ABC, o El Independiente, siendo en la actualidad miembro del equipo crítico de La Razón y de El Cultural de EL MUNDO. Publicó un importantísimo libro sobre Mahler al que, en una segunda ampliación, añadió un valioso catálogo discográfico. También realizó traducciones y colaboró en libros musicales colectivos.
Persona culta y de curiosidad extrema, su conocimiento de la discografía clásica era apabullante y no creo que hubiera una discoteca particular en España tan nutrida y variada como la suya. La cultura, la facilidad para escribir y el conocimiento discográfico basado en otro musical muy profundo le convirtió en el mejor especialista musical que la radio española ha tenido en su historia, porque desde hace 30 años su presencia en la actual Radio Clásica y sus antecedentes (Radio 2, Segundo Programa de RNE) era insustituible. Desde 1984 llevaba el programa El mundo de la discografía, seguido con fascinación por miles de oyentes por su variedad y profundidad; muchos otros programas se beneficiaron de su sabiduría y de la manera magistral con que los abordaba.
Pero, sobre, todo era impagable realizando transmisiones en directo. Miles de conciertos de diversas salas y festivales españoles e internacionales se beneficiaron de su buen hacer desde los conciertos de la Orquesta Nacional de España a las transmisiones wagnerianas desde Bayreuth o los Proms londinenses.
Las hacía como nadie, situaba las obras y los intérpretes, ofrecía datos, realizaba entrevistas y era capaz de improvisar con toda eficacia cuando una transmisión tenía problemas técnicos. Le he oído solventar con brillantez incluso horas de técnica averiada en las transmisiones de Wagner. También participaba en las del Teatro Real de Madrid. Y para el gran publico su voz era el acompañamiento obligado en TVE, y también en la radio, del Concierto de Año Nuevo de Viena.
Pero si supo servir a la música clásica como nadie, podía hablar muy bien de otros muchos géneros más populares o étnicos. Además, era uno de los mayores especialistas en bandas sonoras de películas que había entre nosotros. Tenía sentido del humor, alegría y carisma. Los músicos contemporáneos han perdido también a un gran valedor y yo personalmente confieso haber perdido a un amigo muy querido. Recuerdo que hace unos años le dediqué mi obra Árbol de arcángeles y cómo lo agradeció sinceramente. Y quien pierde a alguien que no será posible sustituir es la radio a la que amó, valoró y engrandeció. José Luis Pérez de Arteaga era la encarnación de la música en la radio.