martes, 22 de septiembre de 2015

RULA DE LLANES: ESCARNIO, DESBARAJUSTE Y VERGÜENZA



Se supone que la Consejería de Cultura del Principado de Asturias y los funcionarios del servicio de Patrimonio Cultural de ese departamento están, entre otras cosas, para proteger la pervivencia del legado arquitectónico. Pero eso es mucho suponer...

Lo que ha ocurrido con la antigua Lonja del Pescado de Llanes por culpa de la Consejería de Cultura es el reflejo de una cabezonería prepotente, que ignora (o desprecia) las intenciones del arquitecto autor del proyecto y evidencia una falta de respeto a los llaniscos. 

 He aquí, de momento, dos reflexiones sobre el desbarajuste causado: 


I

La Rula de Llanes y sus guardianes
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  • Patrimonio obliga a reponer en la fachada del emblemático edificio un cubículo del todo ajeno al proyecto original


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Tiene que ser terrible para el alma sensible de cualquier encargado del Patrimonio -un poeta, al fin y al cabo, entre los funcionarios que en el mundo son- informar en un expediente de la obligación de reponer un pegote que afea una de las obras arquitectónicas emblemáticas de Llanes. Se comprende que indeterminados guardianes del Patrimonio se agarren a la normativa vigente para justificar lo injustificable, pero su dictamen sobre la Rula -que tiene tanto de encorsetamiento burocrático como de empecinamiento de cortas miras- nos ha privado a los llaniscos (y por ende al arquitecto Joaquín Ortiz y a la arquitectura racionalista, en general) de recuperar el perfil original de una obra de arte.

El Ayuntamiento llanisco, no sé si con vistas a la colocación de la tan traída y llevada pasarela en el muelle interior, había ordenado derribar el cubículo añadido en los años 40 al edificio por la cofradía de pescadores para guardar allí la báscula. Así, por un momento vimos rescatadas en su plenitud las líneas racionalistas de la Rula, tal como la había concebido su autor, Joaquín Ortiz. Los que conocemos y admiramos la obra de Ortiz (y aprovechamos ahora a animar a los de Patrimonio a que se sumen a nuestro club de fans) nos alegramos de todo corazón. Se había recuperado una obra de arte en su fisonomía original. Pero nuestro gozo cayó de inmediato en un pozo. Vinieron los responsables de Patrimonio del Principado, insensibles a la intención estética de Ortiz, y acabaron abruptamente con nuestro sueño al ordenar reponer el antiestético y sin sentido cuerpo extraño del que creíamos habernos librado.
Durante los años 30, el hombre clave en la realización de las mejoras portuarias de Llanes y Ribadesella había sido el ingeniero José María Aguirre. Él fue el firmante de la memoria del “Proyecto de Lonja para la contratación del pescado en el puerto de Llanes”, fechada en Ribadesella, el 12 de septiembre de 1934 y depositada en el Archivo General del Principado de Asturias, en cuyos planos anexos no figura, desde luego, el apéndice en cuestión.

UN PEGOTE EN EL LEGADO DE UNO DE LOS PADRES DEL RACIONALISMO

Historiadores notables de la arquitectura asturiana, como José Ramón Alonso Pereira, Joaquín Aranda Iriarte y María Cruz Morales Saro (que ve en la Rula “una construcción derivada del ‘estilo barco’ que había impulsado Le Corbusier”), no dudan en atribuir la paternidad de esta obra a Joaquín Ortiz. El entonces arquitecto municipal de Llanes había concretado el proyecto de una nueva lonja en los primeros meses de 1931. “Representará el puente de un barco con su mástil de señales”, según revelaba el semanario “El Pueblo” en su edición de 21 de marzo de aquel año. El presupuesto estimado era de 50.000 pesetas. En esa misma época, su colega y amigo Manuel García Rodríguez estaba ultimando el proyecto de la lonja de Ribadesella.  
El de la Rula llanisca se retomó en 1935, en un momento en el que Ortiz ya no estaba en el Ayuntamiento, como consecuencia de su activa participación en la revolución de octubre. Las obras se financiarían con un préstamo blando de 20.000 pesetas al gremio de pescadores, conseguido por mediación del ingeniero de Caminos Gumersindo Gutiérrez de la Gándara para el comienzo de los trabajos. El nombre de Joaquín Ortiz García no figura en el proyecto retomado, y en su defecto José María Aguirre señala en la memoria la colaboración prestada por Manuel del Busto (arquitecto que había proyectado la sede del Centro Asturiano de La Habana y la casa “La Javariega” en Poo). Sin embargo, el arquitecto represaliado había sido su autor, y acabará siendo también el que lo lleve a ejecución en su fase final, tras la llegada al gobierno local del Frente Popular. El edificio fue inaugurado en abril de 1936.

Lo del pegote en el legado de uno de los padres del racionalismo arquitectónico vino después y ha regresado ahora absurdamente al precio de casi 30.000 euros, por mor de unos guardianes del patrimonio que han dejado pasar la oportunidad de recuperar la esencia de una obra artística sin igual. Paradojas de la vida y de la esforzada burocracia que nos ha regalado la Providencia.

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el 28 de marzo de 2015)


El arquitecto Joaquín Ortiz.
(Archivo de Higinio del Río).


Tarde o temprano, un Consistorio de Llanes habrá de derribar el pegote de la Rula antigua, repuesto incomprensiblemente por culpa de la ignorancia, la torpeza y la intransigencia de la Consejería de Cultura del Principado de Asturias. Esa incongruencia de cemento y ladrillo, que nos costó a los llaniscos más de 30.000 euros, atenta contra el arte, ofende la vista y lamina la esencia de la obra del más importante arquitecto racionalista asturiano.

Una (¿documentada?) jefa de Documentación Histórica de la consejería lo ve, sin embargo, como "un cuidadoso remate para que forme parte de una unidad de estilo con el resto del edificio", y esto suena a mofa. ¿En manos de quién estamos? ¿Estamos de verdad en un país civilizado?




II

 La Rula de Llanes: un error evitable y subsanable

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·  Salvaguardar en su esencia el singular edificio racionalista exige derribar un elemento constructivo añadido


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ


Según se ha anunciado, la Oficina de Turismo de Llanes se trasladará en breve a la antigua Rula, con lo que se recuperará una de las construcciones emblemáticas de la villa de Ángel de la Moría. Cuando eso ocurra resultará aún más evidente la agresión visual del pegote sin valor artístico ni histórico, perceptible desde prácticamente cualquier ángulo de visión y clamorosamente irrespetuoso con el proyecto racionalista original, que la Consejería de Cultura del Principado de Asturias instó a reponer allí basándose en un desafortunado informe del Servicio de Patrimonio.


Pasan cosas muy raras en estos tiempos de desconcierto global, y una de ellas es esa decisión de la Consejería, empeñada en preservar a todo trance el vulgar añadido que distorsiona las líneas de uno de los edificios de más alto significado para los llaniscos. En vez de amparar la naturaleza de una obra arquitectónica singular, se ha enrocado con una obstinación que, en plena crisis económica, cuando hay que atender tantas necesidades sociales, ha venido a costar a los bolsillos de los vecinos de Llanes 30.000 euros. Sorprende, y mucho, el mutismo del Colegio de Arquitectos, que algo tendría que decir al respecto.
Presumiblemente, la polémica no se va a acallar hasta que se elimine de una vez el pegote en cuestión, que el Ayuntamiento de Llanes, con buen criterio, ya había quitado de en medio hace tan solo unos meses. Están en juego la defensa de los derechos de un municipio y la conservación de una obra de arte tal y como la concibió el arquitecto Joaquín Ortiz García, modernizador del perfil urbanístico de Llanes en los años de la Segunda República.

LA TREMENDA MOFA DEL "CUIDADOSO REMATE..."

En una imaginativa descripción del pegote, la encargada de Documentación Histórica de la Consejería de Cultura llegó a afirmar que se trataba de “un cuidadoso remate para que forme parte de una unidad de estilo con el resto del edificio” (1). Implícitamente, la funcionaria parecía atreverse así a enmendar la plana al autor del proyecto, culpable de una imperdonable ligereza al no haber previsto un “cuidadoso remate” semejante. Desconoce, la mujer, tres detalles esenciales en cuanto al cambio, meramente circunstancial y anecdótico, registrado en la morfología del edificio: primero, que fue Vicente Cotera García (alcalde de Llanes y jefe local del Movimiento entre 1940 y 1947) quien autorizó la construcción de un pequeño anexo, dos o tres años después de finalizada la contienda civil, para guardar en él la báscula de la Rula; segundo: que ese elemento constructivo se derribó a finales de los años 80 a iniciativa de la cofradía de pescadores, que ya no veía en él utilidad alguna; y tercero: que fue repuesto en 1991 para instalar un congelador al servicio de la lonja. (José Luis Batalla, el arquitecto que proyectó y dirigió aquella obra, para la que estaba consignada una subvención de 1.600.000 pesetas, manifestaba el otro día que había sido para él “una decepción que se volviera a reconstruir, pues sin ese añadido la vieja Rula lucía en todo su esplendor”).
La Consejería de Cultura, causante del perjuicio actual, se habría ahorrado el mal trago de la tan discutida y discutible orden de obligar al Ayuntamiento a rehacer el cubículo si, simplemente, se hubiera molestado en echar una hojeada a los planos de la Rula que obran en poder del Archivo General del Principado, a los que nos referíamos en el artículo “La Rula de Llanes y sus guardianes”, publicado en estas páginas el 28 de marzo.
Cabe suponer el bochorno y la perplejidad que habría producido todo este pintoresco entuerto en el discreto Joaquín Ortiz. Por él y por su obra, por el respeto debido al patrimonio arquitectónico llanisco y al arte en general, hay que derribar definitivamente el polémico apéndice. La orden dictada desde Oviedo fue un error, evitable antes y subsanable ahora. 


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el 9 de julio de 2015)





Enlaces con dos artículos del diario LA NUEVA ESPAÑA:


martes, 8 de septiembre de 2015

LLANES Y LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL


Estelas y reflejos de una guerra lejana

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·        La Universidad de Maryland organizó en Llanes un curso sobre los 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Las guerras del pasado se desdibujan ante el fragor de las guerras presentes. Nunca hay treguas para contemplar la Historia como una lección bien aprendida, de modo que en medio de los conflictos actuales, que están desencadenando éxodos y desplazamientos de población como nunca se habían visto antes, lo natural es que pase desapercibido el 70 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial. Sólo se ha acordado de ello José María Naharro, organizador del curso de verano de la Universidad de Maryland en la Casa de Cultura de Llanes. Esta vez, el programa de ese encuentro se dedicó a la conflagración de 1939-1945, y a mi me tocó presentar una ponencia sobre la relación que tuvo Llanes con todo aquello (aunque pueda parecer descabellado, la búsqueda de conexiones entre puntos y planos aparentemente tan distantes resulta posible). La titulé “Llanes: estelas y reflejos de una guerra lejana” y la hilvané sobre siete secuencias:
LEGIÓN CÓNDOR. Esta unidad militar germana estuvo en 1937, representada por un centenar de soldados, que, dos años después, tomarían parte en la campaña de Polonia. Sabemos el nombre de alguno de ellos, las casas de indianos en las que se alojaron y la marca del champagne que descorchaban cada atardecer en las confiterías “Auseva” y “Parás”.
XÍRIGA. En 1940, cuando estaba internado en el campo de Argelès-sur-Mer, Celso Amieva recibió una carta que había conseguido salvar la censura de los confidentes de la Gestapo. Estaba escrita en el lenguaje de los tejeros y en ella se informaba del repliegue británico de Dunkerque, del que había sido testigo el remitente.
UN AVIÓN DE LA LUFTWAFFE. Un Junker 290 se estrelló en Ríusecu en mayo de 1944. Pilotada por el teniente Heinz Ernst y con diez hombres más a bordo, la aeronave venía de cumplir una misión de vigilancia en el Atlántico. Averiada, intentó encontrar el aeródromo de Cue, que tenían señalado en el mapa, pero no dio tiempo. No hubo supervivientes. Los cadáveres de los tripulantes estuvieron enterrados en el cementerio de Posada hasta 1980.
VISITANTES POCO CORRIENTES. Derrotado Hitler, aparecieron dos misteriosos personajes. A uno le llamaban “Federico”, y al otro “el tío Pepe”. El primero, acompañado por una dama alta y rubia, alquiló una habitación encima del bar Palacios. El tío Pepe, que venía también con una mujer, se instaló en la casa de las Nievitas, en el Barriu. Eran alemanes, y desaparecieron tras recibir de la Guardia Civil el aviso de que estaban siendo buscados por la Interpol. Cuatro años después llegó un tercer personaje. Lo trajeron unos veraneantes de Madrid y se le vio bailar un pasodoble en la Verbena de la Portilla. Era Otto Skorzeny, el teniente coronel de las SS que había liberado a Mussolini en el Gran Sasso.  
IDENTIDAD ROBADA. Wenceslao Junco Marín (Vencines) me dijo una vez: “Con la identidad de tu tío Juan (Juan Pérez Bernot) entró un nazi en América en 1945 o 1946”. Juan, voluntario en el batallón republicano del Coritu, cayó en combate en Tarna, y fue enterrado en una fosa común. Nunca llegó a su familia la cédula de identidad. Vencines, como hijo de uno de los hombres fuertes de Llanes tras la entrada de los nacionales, debía saber de lo que hablaba.
UN AMERICANO DE OHIO. Riggs Mellen, nacido en Cleveland en 1918, llegó en los años 50. Vivió con su esposa primero en la Moría, y luego en uno de los chalets de Puertu Chicu. Cuando enviudó, se casó con una austriaca llamada Inmaculatta. Sus últimos años los pasaron ambos en la Residencia Faustino Sobrino, donde fallecieron. A Mellen, obsesivamente, le atormentaba el recuerdo del bombardeo de Dresde por parte de los aliados, en uno de cuyos aviones iba él, como cabo de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos.

JUDÍOS ERRANTES. Fotógrafos los dos, Nicolás Muller y Jean-Jacques Lévy compartían la memoria viva del Holocausto. Una gran parte de su familia respectiva había sido asesinada en Auschwitz. Ambos encontraron la paz aquí: uno en Andrín; el otro en Celorio. 

(Publicado en el diario "LA NUEVA ESPAÑA", 8 de septiembre de 2015)


Galland estuvo en el aeródromo de Cue.


Otto Skorzeny.

Nicolás Muller.
Jean-Jacques Lévy.

¿Quién era Federico?


LLANES: FIESTAS DE LA GUÍA


ESTAMPAS D’ UNA MADRE

Pilar Pérez Bernot (la de la tienda de comestibles La Pilarica) llevaba siempre en el bolsu dos o tres estampas en blancu y negru de la Virgen de Guía. Pilar era mi madre y presumía de ser de la Guía, como toda la familia de Pedro el Sordu (el nuestru güelu maternu, que había bailáu el Pericote con las de Cue en el práu de la ermita a finales del siglu XIX).
El mi hermanu, Juan Pedro, y yo la vimos alguna vez da-i-os esas estampas a forasteros que mostraban cariñu por Llanes y por las cosas de Llanes. Me acuerdo de habela vistu dalas en el Paseu de San Pedro a antiguos clientes de la su tienda; o en Oviedo, cuando nos llevaba a comprar aquellas botas indestructibles de Segarra y nos encontrábamos con algún veraneante de toda la vida; o en Valladolid, onde pudimos estudiar con una beca, cuando s’ encontraba con otras viudas como ella, que tenían también allí jiyos estudiando; o en el andén de la estación de Torrelavega, a onde iba a despedinos; o en Madrid, onde continuamos la beca d’ estudios y luego encontramos trabaju. Yo creo que la soledá de Pilarina, desde que enviudó a los treinta y dos años d' edá, estuvo siempre unida a esas estampas sin color.
Jaz un momentu, después de ver pasar la procesión nocturna cerca del Puente, m’ acordé d’ esas fotos. Al llegar a casa abrí un cajón, saqué una (entovía deben quedame diez, o así), la escaneé y aquí tá puesta pa' l que la quiera ver. Y aquí tamos nosotros conservándola y contemplándola en nuestra orfandá; buscando en ella, un añu más, consuelu y esperanza; jaciendo repasu de la vida que lleva unu vivida; manteniendo la Fe y las ilusiones a pesar de las duras realidades del mundu. Acordándonos muchu, con una sonrisa y muy buenos recuerdos, de los seres queridos que ya se nos fueron.