sábado, 23 de noviembre de 2013

NIEVES SALAS MONTERO: LA FIRMEZA Y LA ELEGANCIA EN LA PINTURA REALISTA

La artista, en la II Bienal Internacional 
de Pintura al Pastel (Oviedo, 2013).

La pintora madrileña Nieves Salas Montero veraneó muchas temporadas en Andrín y desde hace un tiempo su segunda residencia está en Poo. Es una llanisca adoptiva.
Se dedica a pintar profesionalmente e imparte clases de dibujo y pintura en su estudio de Majadahonda (“ARTESTUDIO”).
Tuvo como maestros a Francisco Merayo e Iñigo Muguerza y forma parte de la Asociación de Pastelistas Españoles (ASPAS).
El año 2013 ha tenido una especial incidencia en su trayectoria artística, pues en agosto expuso en la Sala Jesús Otero de Santillana del Mar, Cantabria, una amplia selección de sus trabajos bajo el título de “Colores del mundo”, y en noviembre participó en Oviedo en la II Bienal Internacional de Pintura al Pastel, para la que fueron seleccionados dos cuadros suyos: “Siesta de verano” y “Estudio de pies”.
Organizada por la Asociación de Pastelistas Españoles, la bienal de pintura al pastel -instalada en la sala municipal de exposiciones de Trascorrales- contó en la capital del Principado de Asturias con la participación de artistas de 27 países, como Francia, Alemania, Rusia, Israel, Taiwan y Bolivia. Estados Unidos fue el país invitado de honor, y al pintor norteamericano William T. Hosner pertenece la obra reproducida en el cartel del evento, titulada “Her Attention”.
Se trataba de la tercera exposición internacional promovida por ASPAS un colectivo creado en 2007 e integrado por doscientos artistas, la mitad de ellos españoles. Tanto la muestra inicial como las dos bienales subsiguientes tuvieron lugar en Asturias.
En la II Bienal Internacional de Pintura al Pastel, Nieves Salas recibió el premio concedido por la Asociación de Pastelistas de Taiwan, presentes en la muestra. Le fue entregado por la pintora Nancy Yang en el transcurso del acto inaugural.
Retratista notable, Nieves Salas Montero es la autora del espléndido dibujo a la sanguina que hizo en 2008 de la popular dama llanisca Pilar Pérez Bernot (1924-2008), la de "La Pilarica". 

Higinio del Río




Estudio de pies (pastel seco).


Artículo:
"PILAR PÉREZ BERNOT VISTA POR NIEVES SALAS"
(La Nueva España, 7 de agosto de 2008)

"Pilar Pérez Bernot". (Dibujo a sanguina, 76 x 60 cm.).

Ilustración musical:
"Casta Diva", de Bellini
por MARIA CALLAS

sábado, 16 de noviembre de 2013

JOSÉ LUIS BUERGO (1935-2003): la aventura de la revista "CRÍTICA DE ARTE"



En el segundo semestre de 2013 se han cumplido 10 años del fallecimiento de José Luis Buergo Vélez (Llanes, 1935-Madrid, 2003). Perito mercantil, publicista, editor y director de la revista mensual "CRÍTICA DE ARTE", este llanisco singular no tenía nada que ver con las modas imperantes, ni con la ambición materialista, ni con los modelos de ejecutivo agresivo, estresado y descalzonado de la España del siglo XXI. Simplemente, Pepe Luis Buergo hizo en esta vida lo que quiso, y la vivió de la mejor forma posible. 
Sus pipas, humeantes y tranquilas, eran habituales en las galerías de arte del Madrid de los años 70 y 80. Siempre trajeado, de movimientos lentos, de caladas de cámara lenta, como de patrón de pesquero del norte.
Trabajó haciendo publicidad de arte en "NUEVO DIARIO", que era el periódico que traía aires de libertad durante los años finales del franquismo, y cuando aquel rotativo fue cerrado de mala manera, Buergo empezó a editar su propia revista, desde la modestia y desde la independencia. Se rodeó de colaboradores de primera línea, como los poetas José Hierro y Victoriano Crémer, o los críticos José María Moreno Galván, Rubén Suárez y José de Castro Arines, y consiguió lanzar al mercado un producto modesto, pero fiable. La aventura fue apasionante, y le duró hasta el último soplo de su vida. 
En su recuerdo, he aquí el artículo que publiqué en el diario LA NUEVA ESPAÑA al poco tiempo de su fallecimiento:



"EL MARQUÉS DE CUETU MOLÍN"


José Luis Buergo Vélez (Llanes, 1935), director y editor de la revista madrileña “CRÍTICA DE ARTE”, acaba de fallecer. Cada verano, era fácil tropezarse con él en la villa llanisca con una pipa que nunca apeaba y una petaca de cuarterón que olía a demonios -“este tabaco es el que menos perjudica; lo otro es pura química”, explicaba, como para justificarse-. Discurseaba acerca de la crisis del mercado del arte en bares del Llanes tradicional que tanto le gustaba frecuentar, como “El Bodegón” o “La Puerta del Sol”, escenarios que siguió recorriendo durante las pasadas vacaciones estivales -las más cortas de su vida-, aunque se le veía ya más apagado, con las huellas de la enfermedad en la mirada. Durante el tenso epílogo del franquismo en Madrid, Pepe Luis (así le llamábamos sus amigos) trabajó en el departamento de publicidad de “NUEVO DIARIO”, cuando aquel rotativo abrió surcos de libertad que luego seguirían los demás periódicos de la democracia. Le tocó vivir la exaltación del arte como producto mercantil y tuvo hilo directo con Juana Mordó, la dama sefardita cuyo destino marchó parejo a la eclosión de la nueva vanguardia española y al ímpetu rupturista del grupo “El Paso”. El despacho que le asignaron en el periódico (en la Calle Padre Damián, cerca del “Bernabéu”) estuvo siempre abierto a los estudiantes de Periodismo que picábamos a su puerta. Nos ayudó a encontrar nuestro primer empleo.
Al producirse el cierre de “NUEVO DIARIO”, vio llegado el momento de editar en solitario una revista cultural, su vieja ilusión. A finales de 1978 registró la cabecera de “CRÍTICA DE ARTE” y se entregó obstinadamente a una aventura mensual sólo apta para valientes. Instaló la redacción en el piso en el que vivía, en el Barrio de Tetuán, donde izó la bandera de su independencia. Entre los colaboradores, figuraban el gran José Hierro, José María Moreno Galván (firma indomable, curtida en las páginas de “TRIUNFO”) y Victoriano Crémer (cofundador de “ESPADAÑA”, la publicación que tanto significó para los poetas de la posguerra). El restaurante “El Aldeano” había sido por un tiempo su ‘cuartel de invierno’, hasta que alquiló, primero, una oficina en Príncipe de Vergara (Metro “Iglesia”), y luego se trasladó a otra en la Calle de los Madrazo, la sede actual, donde tendría de vecino a Ernesto Koplowitz, el hermano bohemio de las dos famosas amazonas de las altas finanzas. El sueño editorial de Pepe Luis -que siempre contó con la fidelidad y el respeto de las mejores galerías- estaba hoy a punto de alcanzar sus primeros 25 años, reflejados en 181 números sacados a pulso.
Al final de la jornada, solía tomar unas cervezas en elegantes pubs de Chamberí, donde era inevitable codearse con ejecutivos que charlaban con devoción de los valores bursátiles en alza y del culo respingón de sus respectivas secretarias bilingües. Buergo guardaba silencio, mientras dragaba su pipa reflexivamente. “Y usted, José Luis, que está tan callado, ¿qué nos cuenta?”, le preguntaron una vez. Abrumado de oír fantasmadas, el de Llanes maquinó entonces una trola daliniana e incontestable: “No me gusta hablar de ello -dijo-, pero pertenezco a una familia asturiana de rancio abolengo. Aquí donde me ven, soy marqués... El Marqués de Cuetu Molín” . Ninguno lo puso en duda. Pepe Luis era mucho Pepe Luis. 


Higinio del Río

(Miércoles 1 de octubre de 2003)





Número 0 de la revista, marzo 1979
Entrevista a la galerista Juana Mordó (marzo, 1980)