sábado, 13 de enero de 2018

LLANES: OBSERVATORIO DE AUSENCIAS

Opinión

La higuera de San Pedro 
y otros testimonios 
de la historia colectiva de los llaniscos



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Son ya cerca de sesenta y cuatro años subiendo la escalinata del Paseo de San Pedro desde la playa del Sablón, un recorrido de cien escalones que permite acceder a un privilegiado puesto de observación. Es y ha sido siempre, para los llaniscos, una ascensión iniciática a un lugar en el que, en medio de la envolvente visión del mar, la montaña y la doble fila de tamarindos, nos reencontramos con nuestra historia personal y colectiva.
A medida que nos hacemos viejos, a donde conducen realmente esos peldaños es a un monumental observatorio de ausencias. Desde él, los años y la nostalgia nos revelan sin medias tintas la pérdida irreparable de elementos sustanciales del paisaje urbano de Llanes. Han ido desapareciendo del patrimonio común, víctimas de un inexplicable desdén, edificios que habían formado parte de nuestra identidad y de nuestras vivencias, como el Palacio del Coju de la Guía (“Villa Vicenta”, aquel majestuoso ejemplo de la arquitectura neogótica inglesa, proyectado a finales del siglo XIX por Casimiro Pérez de la Riva, que parecía sacado de una producción de Disney); el Teatro Benavente (obra de Mariano Deogracias Lastra), en el que descubrimos el cine y el territorio infinito de los sueños; las antiguas Escuelas Públicas (diseñadas en 1914 por Juan Álvarez Mendoza, en las que fuimos alumnos de don José Caso); la Compuerta (nuestra Torre Eiffel, proyectada en 1930 por el ingeniero de Puertos José María Aguirre, desde la que se tiraban los rapaces a la ría en marea alta); el sanatorio del doctor García Gavito (que después de la Guerra Civil sería instituto de enseñanza media y, más tarde, el Hotel México), la mansión racionalista de Ceferino Ballesteros en la avenida de la Paz, el chalet construido en la Segunda República por la Asociación de Comerciantes e Industriales (ACI) en la avenida de México… La voracidad de una mal entendida modernidad, que siempre es un feo asunto, ligado a piquetas, insensibilidades y desprecios, hizo aquí de las suyas.
La capacidad evocadora de todo eso resulta elocuente desde la escalinata de San Pedro. En la última parte de la subida solíamos jugar de críos con carros, diligencias, figuras de plástico de indios y vaqueros y mucha imaginación. Recreábamos sobre aquella rocosa orografía un escenario de desfiladeros, valles, colinas y montañas, en el que discurrían episodios de la conquista del legendario Oeste. Allí cerca, como observándonos mientras jugábamos, se levantaba una gran higuera, pegada a la piedra, que nos daba sombra refrescante en los días de calor. Era el techo abovedado de nuestros sueños del Far West, en aquéllos tiempos en los que toda la semana esperábamos con impaciencia que llegara el domingo para ir al cine de las 5.
La higuera ya no está. Ahora pertenece al catálogo de ausencias del que hablábamos antes. La escalinata de San Pedro, ideada en 1930, había formado parte de un plan de ensanche proyectado por el arquitecto municipal Joaquín Ortiz cuando era alcalde Francisco Saro. Venía a rematar un planteamiento novedoso para modernizar racionalmente la villa. Ese plan incluía una calle entre el Ayuntamiento y el Casino (una arteria que se abrió mucho más tarde, en 1956, aunque sólo parcialmente, que no se completaría hasta los primeros compases del siglo XXI, aunque sin respetar, lamentablemente, el trazado recto que había pensado Ortiz), y la apertura de lo que es la avenida de las Gaviotas, paralela al Paseo de San Pedro, que se haría realidad con casi 70 años de retraso. Del proyecto de Ortiz lo único que se hizo fue la escalinata, que hoy, sin la higuera, se nos muestra más vacía y descarnada que nunca.

(Diario LA NUEVA ESPAÑA de Oviedo, 9 de enero de 2018)


viernes, 12 de enero de 2018

CENTENARIO DE LA MUERTE DEL FOTÓGRAFO LLANISCO BALTASAR CUE FERNÁNDEZ (1856-1918)

UN PERSONAJE EXCEPCIONAL

Baltasar Cue Fernández, en su época de juventud.

El programa conmemorativo se basará en la exposición "Tipos populares llaniscos", que incluirá esculturas del escultor mierense Llonguera inspiradas en la serie fotográfica más conocida de Baltasar Cue

  
En los meses de abril y mayo de 2018, la Casa Municipal de Cultura de Llanes organizará distintas actividades para conmemorar el centenario del fallecimiento del fotógrafo Baltasar Cue Fernández (1856-1918). El programa se basará en una exposición de “Tipos populares llaniscos”, que incluirá, como complemento, esculturas en madera del escultor mierense Llonguera, inspiradas en aquella célebre serie fotográfica de Baltasar Cue sobre personajes llaniscos. También habrá una conferencia a cargo del experto Francisco Crabiffosse Cuesta, crítico de arte e historiador de la fotografía.


Nacido en La Arquera en 1856, Baltasar Cue Fernández se había trasladado a Cuba en su juventud. En la isla se dedicó a labores contables y administrativas en las boyantes empresas comerciales de sus hermanos Cayetano y Gaspar. Durante aquella época viajó a menudo por distintos países europeos y aprendió idiomas. En 1882 fijaría su residencia en Londres, donde se inició su afición por la fotografía.
En 1888, de regreso a España, se instala en Santander, donde realizará prácticas fotográficas antes de volver a Llanes. El matrimonio con Aurora de la Fuente García y el nacimiento de sus primeros hijos harán que tenga que dedicarse a profesionales distintas a la de la fotografía: la tramitación, como gestor administrativo, de la documentación oficial para los emigrantes a América.
Paralelamente, organizaba cursos de verano, daba clases particulares y realizaba traducciones del francés e inglés, al tiempo, también, que llevaba la contabilidad de comercios e industrias locales e impulsaba una cetárea de langostas. De 1900 a 1904 presidió la Sociedad Obrera El Porvenir.
La iniciación en la fotografía fue tardía y como simple aficionado. Se estableció como profesional en 1891, en una casa frente al Colegio de La Encarnación. Su negocio tenía el nombre de Fotografía Artística-Hípica Franco-Anglo-Española, y se anunciaba en la prensa en trabajos de campo, vistas instantáneas, paisajes, ampliaciones, grupos, reproducciones y retratos. En 1893 traslada su estudio a la calle Nemesio Sobrino y forma sociedad con Manuel Escandón. Practicará el retrato en gran tamaño a la fotopintura. Si bien ya se había adelantado Fervienza al ejercicio de la asociación entre pintura y fotografía, Baltasar Cue introducirá temáticas nunca abordadas antes por los profesionales, como ocurre con los personajes populares. Sentía inclinación el fotógrafo por los perfiles humanos marginales.
Conservó gran parte de su obra fotográfica en unos álbumes que respondían a su idea de archivar todo Llanes como un legado documental para las generaciones venideras.
Falleció en Llanes el 12 de mayo de 1918.


Baltasar Cue empezó a aficionarse
a la fotografía durante su estancia
en Inglaterra, en 1882.

Baltasar Cue se estableció
como fotógrafo profesional en Llanes
en 1891.

Baltasar Cue, a la izquierda,
con su amigo Vicente Rubiera en La Habana (1876).
Foto: N. Mestre.
  
El fotógrafo en 1897, con su hija María.

"El Tivo", uno de los personajes retratados
por Baltasar Cue en su estudio de Llanes. 

Gaiteros de Libardón
en las fiestas de San Roque.

"Asunción".

"Un coplero". Otra imagen de la serie
 "Tipos populares de Llanes". 

"Torna" (detalle).

El tío Millán,
santero de la Virgen de Guía.

Pepín de la Suela

La Nixa

Juan el de Andrín y su bombo

lunes, 8 de enero de 2018

JOSÉ LUIS CHIVERTO, UN PERIODISTA EN LLANES

José Luis Chiverto Méndez (1938-1980).

JOSÉ LUIS CHIVERTO Y LA INFORMACIÓN DE CADA DÍA: UNA CRÓNICA SOBRE EL PINTOR FERNANDO DÍAZ


José Luis Chiverto Méndez había nacido en Orihuela (Alicante) en 1938. Llegó a Llanes en 1968 y trabajó como periodista en el semanario “El Oriente de Asturias”. Era un informador “todo terreno” que, a lo largo de doce años dejaría en Llanes una huella imborrable. En 1970 había publicado su libro "El paisaje reencontrado", número 1 de la colección "Temas Llanes", editada por el periódico llanisco, y al año siguiente su volumen de entrevistas “Hombres, hechos, ideas”, dentro de la misma colección bibliográfica. Moriría en 1980, a los cuarenta y dos años de edad.
Reproducimos aquí uno de sus últimos escritos: una crítica de la exposición del Fernando Díaz Rodríguez (Avilés, 1952) en la antigua mansión de Posada Herrera (que todavía no era la Casa Municipal de Cultura, sino el Museo de Llanes), que vio la luz el 12 de julio de 1980:


Fernando Díaz y su pintura

“Llanes es nuevamente actualidad pictórica, en este que se avecina largo estío de pintores. En su día escribí que cada pintor que por aquí pasa no sé a lo que viene, si de veraneo o a intentar vender. O ambas cosas a la vez. Pero a los pintores les ha dado por Llanes para sus exhibiciones… y aquí me tiene el lector paciente, que estamos comenzando la temporada y ya no sé por dónde me ando. Bueno: sí que lo sé, porque aquí tengo un pintor. Un pintor de verdad; acaso controvertido, pero que sabe muy bien por dónde anda. Se llama Fernando Díaz, nació en Avilés y vive en Gijón.
¿Cómo es la pinturade Fernando Díaz? Por lo pronto, un tanto controvertida, a partir de un informalismo total, pero lleno de avideces vivenciales en torno a un surrealismo cercano y, al tiempo, evanescente. Las ideas geométricas de la pintura de Fernando Díaz no tienen nada que ver con esa otra pintura que nos muestra, en la que el surrealismo domina los cuadros. Díaz ha querido corporeizar -si la palabra sirve- una serie de ricas vivencias, pero…
Me temo mucho que la pintura de Fernando Díaz anda entre dos carriles asimétricos: de una parte, la fórmula geométrica, casi matemática, para darle al cuadro el trato que merece como ejercicio de sistema. De otra parte, y aún dentro de esta temática, la argumentación casi metafísica de un logro geométrico convertido en luz y color. Hay en su muestra obras en las que se nota bien claramente que el autor no se encierra en estrechos cauces: muy al contrario, busca caminos que seguramente ya están intuidos por él. Y la presente exposición es buena muestra de ello. Veintiocho cuadros -expuestos en el Museo de Llanes- dan buena prueba de la magnitud, de la importancia del joven pintor. Decir a estas alturas que Fernando Díaz es una promesa resulta vacuidad, en tanto en cuanto nos hallamos ante un valor altamente positivo y con un futuro cierto y bien espacioso. La pintura de Fernando Díaz bien merece la pena. Y habrá que detenerse, posarse en ella para ver, en su trasfondo, el mundo de ilusiones y de realidades que lleva a sus tintas y a sus dibujos.

Un hombre, un artista singular, como Fernando Díaz, que ha expuesto en numerosas ocasiones, tanto en colectivas como en individuales -esta es su cuarta en Llanes- bien merece la atención. Acaso, digo, por sus aparentes dispersiones o tangenciales ideas, siempre nuevas, siempre a la búsqueda del mejor hacer pictórico”. 

Chiverto, en el sendero de Las Salidas,
camino de Bulnes (1978).

El periodista, en la presentación de su libro de entrevistas
"Hombres, hechos, ideas" (1971).

Obra de Fernando Díaz

viernes, 29 de diciembre de 2017

RADIO CLÁSICA DE RNE NOS DESCONCIERTA


Cuando el siglo XXI reinventa modos radiofónicos de los años 60

Aires de cambio en Radio Clásica


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

La radio lo era todo en aquellos años de Guerra Fría y caldo caliente, igual que lo había sido durante las tres décadas precedentes. Arrimábamos en familia la oreja al receptor y llenábamos nuestra vida de boleros y radionovelas que ayudaban a sustraernos de una gris realidad. Para los llaniscos de entonces, locutores como Federico Llata Carrera, con su popular espacio “La caravana de la alegría” en Radio Cantabria, resultaban sencillamente imprescindibles. No se concebían las tareas del hogar y el día a día sin el acompañamiento de Antonio Machín, Manolo Escobar o Matt Monro, sin las dedicatorias “de parte de quien ella sabe”, sin los anuncios de Cola-Cao y sin los melodramas de Sautier Casaseca.   

Lo que no podíamos imaginar es que todas aquellas prácticas del modo de entender el medio en los años 60 iban a ser un modelo a seguir por los directivos de Radio Clásica de Radio Nacional en el siglo XXI, inmersos, a lo que se oye, en la zozobra de una confusa metamorfosis. Si bien se mantiene en ese canal de RNE un bloque de programas fieles a la filosofía original, se están percibiendo síntomas de cambio que nos dejan desconcertados. No estábamos acostumbrados, desde luego, a contenidos en los que predominan de forma espesa la palabra, las opiniones, los comentarios, las entrevistas, las peticiones del oyente, los concursos y los modos, en fin, propios de las emisoras generalistas.

La emisora había venido siendo, desde el principio y hasta ahora, un perfecto ejemplo de divulgación de la música y de democratización de la cultura, la mejor oportunidad para acercar la música clásica al pueblo llano. Creada en 1965 bajo el nombre de Segundo Programa de RNE, renombrada luego como Radio 2 y rebautizada en 1994 como Radio Clásica, gracias a ella nos hicimos aficionados a la música varias generaciones de españoles. Didácticamente, nos ofrecía el disfrute del patrimonio musical de la humanidad, mientras los locutores hacían suya una labor pedagógica y el oyente se enriquecía con clases magistrales en pequeñas dosis (concisas explicaciones que bastaban para enseñarnos a distinguir, por ejemplo,  el clasicismo del barroco), sin esfuerzo, según una fórmula aplicada en Europa desde los años 30, que incluía la retransmisión en directo de grandes conciertos. Un esquema tan simple como eficaz.

La supuesta renovación que han sacado de la chistera los actuales directivos de Radio Clásica para captar nuevos públicos tiene el vicio de confundir la divulgación con la vulgarización del producto. Tal y como se están poniendo las cosas, muchas veces, no queda más remedio que apagar el receptor o cambiar de emisora. Cuando aún está reciente la pérdida de sus dos grandes paradigmas: Juan Claudio Cientuentes “Cifu” (“Jazz porque sí”) y José Luis Pérez de Arteaga, que sabían mezclar la palabra y la música en la justa proporción, resulta contra natura el actual repliegue de la música en beneficio de un desatado torrente de monólogos, diálogos, y circunloquios. Se ha colado, además, la machaconería de un falso concepto de participación ciudadana, secuela del discurso dominante, que invade todas las franjas horarias, como si los oyentes no dispusiesen de cauces bastantes, fuera de antena, para elevar sus opiniones, sugerencias y críticas.

Ante este panorama nos sentimos indefensos y desubicados, añorantes de aquellos tiempos en los que la música era el principal argumento, expuesto linealmente desde la mañana hasta la noche, y sólo interrumpido por oportunos comentarios. ¿A qué viene ahora este afán de dar la murga?

(Diario LA NUEVA ESPAÑA de Oviedo, miércoles 27 de diciembre de 2017)





jueves, 23 de noviembre de 2017

LLANES: UN PERRITO CON EL APLOMO DE HUMPHREY BOGART Y LA DECISIÓN DE GIOVANNI GIACOMO CASANOVA

                                                                       Foto: ROSA ROZAS

HERMANO "SOL"

Por Higinio del Río Pérez

El “Sol” vive en un apartamento sobre las rocas que flanquean la Playa del Sablón, al lado de la muralla medieval. Soltero y sin compromiso, es todo un personaje, un “bon vivant” que habría hecho buenas migas con el santo de Asís (podría ser incluso un buen cronista oficial de Llanes, porque conoce el pulso de la localidad y no despierta la menor animadversión).
Por mucha tensión prebélica que viva el mundo, no ha nacido aún el guapo que le haga a él variar las costumbres. Sobre las nueve de la mañana, asoma el morro en la cancela y, sin acelerarse, sale con la cabeza alta, caminando con pasos cortos a la búsqueda de la aventura diaria de la vida. Junto a la escalinata que baja al arenal, contempla el panorama en silencio (últimamente parece que lo hace de un modo más concentrado, porque también a él le trae a mal traer la amenaza presente y futura del chapapote); deambula luego por el Paseo de San Pedro y se suma a las escasas tertulias de peso que aún le quedan a la Puebla de Aguilar. Aunque es un tipo independiente –y a veces gasta malas pulgas-, el “Sol” está ansioso de cariño. Se arrima sólo al trigo limpio y huele a distancia las fuentes orales de verdadera confianza. En el lugar donde vive, había antiguamente unas casuchas habitadas por singulares protagonistas de la intrahistoria de Llanes, como la honrada y querida familia de Perfecto Santos Cue, “Teto”, de cuya época todavía hay quien recuerda las ocurrencias en verso que sobre su madre popularizó en plena posguerra la ingeniosa Concha “la Juanilla”, la esposa de “Juanillo” Goti (uno de los ciento treinta miembros de la tripulación que dio la vuelta al mundo a bordo del “Nautilus” entre 1892 y 1894), que era vecina de ellos. Al “Sol” se le ponen tiesas las orejas cuando oye aquéllo de: 

“Las bacinillas de Tanis,
nadie lo puede negar,
desde la puerta vemos
que siempre están a pleamar. 
Perfecto coge el calderu,
lu va a tirar al Sablón
pa que, por la noche,
los críos hagan la deposición. 
El calderu no lu friega,
por si lu lleva la mar,
pero mete el agua en casa
pa fregar la vasa
que emporcaron al cenar.
Tanis es trabajadora, 
nadie lo puede negar, 
aunque siempre está en la bolera de “La Bombilla”
viendo a los hombres jugar”.


Le tira ese casticismo de palanganas y pucheros con remaches, en el que nunca faltan personas graciosas: “¡Quién me iba a decir a mí, chachu, que el orinal que heredé de mi güela, que hizo muchu serviciu en casa cerca de noventa años, iba a acabar expuestu pa que lu contemplen los turistas!”, oía decir el otro día, en el mercado de los martes, a una porruana que hablaba con orgullo del Museo Etnográfico del Llacín.
Pero, sobre todas las cosas, y aunque su palmito abulte poco, el “Sol” es un experto en los lances de galanteo. La primera actividad vital de este ligón empedernido se centra en coleccionar novias. Su éxito con el género femenino está en la naturalidad, en no aparentar lo que no es: posee el aplomo de Humphrey Bogart, la decisión de Giovanni Giacomo Casanova y la fragilidad de Bambi. El “Sol”, hijo ratonero del mestizaje, es, en fin, el perro más listo y rumbero de Llanes y, frente a la psicosis de guerra que nos rodea hoy, se ha convertido en un símbolo de paz: nadie aplica tan al pie de la letra como él eso de “haz el amor y no la guerra”.

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el jueves 13 de febrero de 2003)

jueves, 2 de noviembre de 2017

LLANES: CARMEN GARCÍA SEARA (SOR CARMEN), UNA MONJA PARA LA HISTORIA

 Para todos los llaniscos, que tanto la quieren y tanto la admiran, Carmen García Seara es, simplemente, Sor Carmen.
Directora de la Residencia Fundación Faustino Sobrino de Llanes, está siempre al pie del cañón, incansable en su gestión inmaculada. Cada día, veinticuatro horas pendiente de todo, en beneficio de los residentes.
Ella y sus compañeras son dignas herederas de la limpia y eficaz tradición de servicio de las monjas franciscanas misioneras de la Madre del Divino Pastor, que desde 1894 están haciéndose cargo de la importantísima institución llanisca. La joya, sin duda alguna, de las instituciones de Llanes.
Esta excepcional mujer es de As Teixugueiras, localidad de la provincia de Ourense, donde nació en 1943, hija de Manuel y Dosinda. Es la segunda de nueve hermanos, cinco de los cuales eran hembras. Una de esas hermanas suyas es religiosa, como ella: franciscana de la Divina Pastora. Se llama Remedios y está destinada como misionera en Chile.
Carmen fue a estudiar a Madrid a los 13 años, con el propósito firme de hacerse monja. Era en la calle de Santa Engracia, número 142. Novicia a los 16 años, hizo los votos a los 18.
En Madrid acumularía una experiencia docente de 30 años, como profesora de un colegio. Carmen es una mujer muy preparada, aunque no presume de ello. Había estudiado la carrera de Magisterio e hizo también los estudios de técnico administrativo. 
Fue enviada luego por su congregación a León, capital, donde permanecería ocho años en un centro infantil; más tarde la mandaron al Barco de Valdeorras (Orense), localidad en la que estaría otros tres años como profesora, y luego en Arenas de San Pedro (Ávila), seis años más.
Sor Carmen lleva en Llanes desde 2002 como directora de la Residencia Faustino Sobrino. Pequeña y espartana, muy fuerte física y mentalmente, está siempre pendiente de todos los detalles. Siempre resulta Carmen una mujer eficaz. Tiene una amplísima experiencia en la dirección y organización de equipos de trabajo y podría asumir con solvencia la dirección de cualquier empresa que le pusieran por delante.
 Higinio del Río Pérez